La gracia de este libro es que es la historia real de Greg Mortenson, un hombre normal, como cualquiera de nosotros, que ha dedicado su vida a construir colegios para los niños de Pakistán y Afganistán. Al terminarlo y leer en la contraportada que este hombre ha sido candidato al Premio Nobel de la Paz el año pasado, uno se pregunta qué narices hay que hacer para recibir el Premio, porque Mortenson ha realizado una labor impresionante y Obama, que seguro tiene unas intenciones estupendas, todavía no ha hecho nada.

Greg Mortenson era enfermero y alpinista. Tras un intento fallido de escalar el K2 en Pakistán, se perdió y fue a parar a una aldea donde fue acogido y atendido y, antes de su marcha, prometió a las gentes de aquel lugar que volvería a construir una escuela para los niños y niñas, pues estudiaban a la intemperie escribiendo con palos en el barro.
Y ahí comienza una odisea para conseguir el dinero que permita la construcción de una escuela en el lugar más inhóspito del planeta. Mortenson no tiene grandes contactos, ni en Estados Unidos ni en Pakistán, pero consigue apañárselas dando conferencias y enviando cartas hasta que lo consigue. Y la escuela de aquella aldea (llamada Korphe) es la primera de muchas que este hombre consigue construir, seguro de que la educación es el primer paso para que estas gentes dejen de vivir en la pobreza y el abandono.
La organización de Mortenson (ahora forma parte del Central Asia Institute; no está solo) no sólo construye escuelas, sino que se encarga de que los profesores reciban un sueldo y de que los niños dispongan de libros y material escolar. Además, tras la guerra de Afganistán, incluso han construido canalizaciones para llevar agua potable a los campamentos de refugiados que, al parecer, son confinados en medio del desierto y olvidados.
Este libro nos intenta sobre todo hacernos ver que llegar a estos lugares no es tarea fácil; incluso antes del 11-S los extranjeros allí son mal vistos por ciertos sectores influyentes, y Mortenson ha lidiado con un montón de trabas que le surgen a cada momento. Lo que quiero decir es que no basta con llevar un montón de ladrillos y cemento y ponerse a construir edificios; es mucho más complejo.
Pero después de ver que una chica pakistaní de 17 años hay acabado el colegio con buenas notas, se plantee estudiar medicina y, con la ayuda de Alá, fundar un hospital en su pueblo, supongo que tu vida ha merecido la pena.
Una sola pega al libro y es que, aunque es la historia novelada de Mortenson, en algunas ocasiones peca de “noticia” y parece que estamos leyendo el periódico, con nombres de personajes influyentes que sólo aparecerán esa vez en toda la novela. Rastro, sin duda, de que en realidad la historia de Mortenson ha sido escrita por un periodista.
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